22 de febrero de 2021

La tejedora de palabras*: comentarios

Por Sérvulo Velásquez

Para iniciar mis comentarios al cuento La tejedora de palabras de Rima de Vallbona, diré que pueden apreciarse en él dos planos: el narrativo y el metafórico, interrelacionados; y por lo tanto en situación de condicionalidad recíproca.

Como en toda ficción literaria hay en él una trama compuesta por hilos argumentales entrecruzados con los de la urdimbre del lenguaje, para tejer la maravillosa tela del texto y la textura.

Gracias al narrador omnisciente, nos enteramos de la historia de seducción de Rodrigo Carrillo, un estudiante universitario, por parte de su profesora de literatura clásica, la doctora Thompson.

Sin lugar a dudas, en la maestría con la que la autora articula en el relato los dos niveles –el narrativo y el alegórico- reside uno de los grandes méritos de la obra.

La tejedora de palabras conoce de primera mano, por su profesión, los recursos de la literatura mitológica, y no vacila en utilizarlos para el logro de su propósito de atrapar a la víctima en sus redes: no en vano desde el comienzo se transforma en Sirena, con todo y cantos seductores y luego en Circe, la hechicera, para atraerla hacia su aniquilamiento total.

En la pequeña obra maestra de que hablo, predomina, pues, el discurso figurado determinado por un lenguaje complejo, y profuso en imágenes extraídas del conocimiento y familiaridad con los héroes míticos, cuyas alusiones y referencias hacen posible establecer un paralelo entre la mitología y las malas artes con que la profesora embauca a su estudiante, con palabras dichas, escritas o insinuadas.

Con tal discurso, el lector se sumerge en la fábula que tiene ante los ojos, y se esfuerza por desentrañar asunto, tema y mensaje, además de comprender de qué manera los clásicos antiguos permiten abordar los problemas de la vida moderna actual.

Llegados a este punto, resulta inevitable el parangón entre los dos personajes principales del cuento: en última instancia la maestra Thompson es una heroína triunfante, censurable si se quiere, pero victoriosa, en tanto que Rodrigo representa, por el contrario, al antihéroe, al héroe trágico, incapaz de escapar al destino que las Moiras han hilado para él.

No pudo ser Telémaco porque su padre infiel y dominador de la madre era la antítesis de Ulises, el padre-héroe que los hombres idealizamos cuando jóvenes; mucho menos Ulises puesto que una vez a bordo del destartalado Chevrolet de la señora Thompson, no podrá regresar a la Ítaca familiar. Es consciente de que ella lo ha atrapado en la red de sus palabras y lo manipula, pero no logra hacer nada para zafarse.

De otra parte, el lector puede percibir al final una evidente circularidad en el relato, –¿el eterno retorno?-, cuando Héctor, el amigo íntimo de Rodrigo, en clase, levanta la vista del libro en que leían el pasaje en que Ulises y sus camaradas arriban a la isla Eea –la de Circe- y la posa en la profesora y “en lugar de la mujerota alta, fornida, jamona, desaliñada, en la penumbra de la vejez, de rasgos duros y amargos, apareció ante él… una bella y atractiva joven de abundante cabellera rojiza­­- aureola rubicunda que le daba un aire de diosa prepotente. Además, en vez del vozarrón al que él se había habituado, con voz melodiosa que a sus oídos parecía un cántico divino, ella seguía relatando cómo los compañeros de Ulises fueron convertidos en puercos por Circe…”

Por último, a mi modo de ver, otro de los grandes méritos de La tejedora de palabras radica en su ruptura con arquetipos literarios tradicionales: en efecto para el canon de Occidente, desde Tirso de Molina, con don Juan Tenorio, la seducción y sus artes eran al parecer cosas de hombres; sin embargo, Rima de Vallbona le da la “vuelta a la tortilla”, como dice, y aborda el difícil tema de la mujer pervertidora de menores. Este asunto merece, por supuesto, más discusión y análisis.

Si aún no ha leído el cuento, lo invitamos al siguiente enlace:

https://daisy-saborio.livejournal.com/4551.html

*Rima deVallbona. En Cuentos Hispanos de los Estados Unidos, Edición de Julián Olivares, segunda edición 1998, Arte Público Press University of Houston, Houston, Texas.Crédito imágenes


Crédito imágenes

La ninfa marina’, óleo del artista británico Edward Burne-Jones (1881).

https://elpais.com/cultura/2014/07/24/actualidad/1406184846_835813.html

https://anukazim.wordpress.com/2009/12/01/aracne-la-tejedora/

http://www.falconvoy.com/2017/03/competencia-de-tejedoras.html

Sérvulo Velásquez

Pedagogo, exprofesor de la Universidad de los Llanos, Unillanos, escritor independiente.

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