8 de junio de 2021

Las desilusiones de Juana

Para comprender e interpretar este cuento⃰ es preciso aproximañprse a él, de una parte, desde el referente general de la migración salvadoreña a los Estados Unidos como consecuencia de la guerra y la pobreza; de otra, a partir del referente particular del sentido de la comida en tanto que elemento cultural; y en tercer lugar desde la antinomia ilusión-desilusión.

Con relación a lo primero, resulta útil recordar que esta nación centroamericana vivió una confrontación bélica interna entre los años 1980 – 1992, que como todas las guerras golpeó principalmente a los más pobres condenados a aportar soldados a los dos bandos en disputa: el ejército nacional y la guerrilla; además de miles de inmigrantes, por la ruta Guatemala-México-Estados Unidos, en una dolorosa diáspora de la que hizo parte Juana la protagonista.

Por el narrador, una tercera persona omnisciente, sabemos que ella, tras haber perdido a dos de sus hijos, uno en las filas oficiales y el otro en las de la güerilla, debido a amenazas de muerte, debió huir rumbo al norte con el esposo y los otros dos hijos: hombre y mujer. Terminaron instalados en Virginia. Atrás quedaron, pues, las ilusiones de una patria amable, una familia, un hogar. Primera desilusión.

Para colmo de males, algún tiempo después de su llegada a Estados Unidos, se divorció del esposo que deslumbrado por los dólares, acabó en el alcoholismo y la infidelidad; los hijos emprendieron cada uno su camino, dejándola abocada a la soledad y el abandono, en medio de la segunda desilusión.

En cuanto a la comida, conviene recordar que la protagonista, tras una visita a su familia salvadoreña, en la que fue agasajada por esta, en su cumpleaños con un almuerzo tradicional, terminó redescubriendo las bondades del aguacate: ¡fruto originario de Mesoamérica!, que se empeñó en trasplantar en su nueva vivienda, sin éxito debido a los rigores del clima. Aquel se había convertido en el último vínculo con la tierra natal, con su cultura, con su identidad; y esta nueva ruptura significó la tercera desilusión.

Posdata.

El acto de comer, y todo lo relacionado con él, constituye una expresión cultural, pero así mismo, una manifestación política que va más allá del derecho a la seguridad alimentaria y se convierte en ejercicio de autonomía de las poblaciones y en soberanía alimentaria, puesto que se trata de decidir, en últimas, qué comer y cómo hacerlo, sin seguir los patrones de la moda y las exigencias del mercado y de la sociedad de consumo. De acuerdo con esta perspectiva, comer es un acto político; y comer conscientemente un acto revolucionario, añaden algunos. La realización del buen vivir pasa por la plena conquista del derecho a los alimentos, en un mundo sin hambre.

Puedes leer el cuento aquí

⃰ Las ilusiones de Juana (Paraíso portátil), Mario Bencastro, Arte Público Press, Houston, Tx, 2010, pp 65-72

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Crédito imágenes

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Sérvulo Velásquez

Pedagogo, exprofesor de la Universidad de los Llanos, Unillanos, escritor independiente.

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